Archivos para noviembre, 2010

Teoría Cuantitativa del Dinero

LOS ORIGENES:

Los orígenes del estudio de la demanda de dinero se remontan a la teoría cuantitativa del dinero, la cual puede ser representada en términos de la identidad o ecuación de cambio esbozada por Fisher (1911):

MVPT

En donde M representa el acervo de dinero en circulación, V es la velocidad de circulación del dinero, P es un índice general de los precios y T representa al volumen de transacciones realizadas en una economía durante un cierto período.

De acuerdo con esta identidad, la relación entre la cantidad de dinero en circulación y el valor nominal de las transacciones se define como la velocidad de circulación del dinero.

Los economistas clásicos argumentaban que tanto el volumen de las transacciones que se realiza en la economía como la velocidad de circulación del dinero dependían fundamentalmente de aspectos tecnológicos e institucionales, de manera que parecía razonable suponer que los valores de equilibrio de ambas variables eran relativamente constantes. Esta observación les llevó a postular que las variaciones en el nivel de precios son proporcionales a las variaciones de la cantidad de dinero. En consecuencia, la teoría cuantitativa consistía básicamente en una teoría de determinación del nivel general de precios y, por tanto, enfatizaba el papel de la oferta de dinero y no de su demanda, aunque debe mencionarse que ya entonces se había reconocido la necesidad de los agentes económicos de poseer tenencias de dinero (Mill, 1848; Wicksell 1906 y Fisher 1911).

LA CONTRIBUCIN DE LA ESCUELA DE CAMBRIDGE

Probablemente la primera conceptuación de la demanda de dinero como tal tuvo su origen en la teoría o enfoque de saldos reales desarrollado por economistas de la escuela de Cambridge, Inglaterra, ya que la distinción entre oferta y demanda de dinero constituyó un elemento esencial en su discusión sobre cuestiones monetarias. Los principales elementos de este enfoque fueron esbozados por Marshall y, posteriormente, desarrollados por Pigou (1917).

La contribución esencial a la teoría de la demanda de dinero de la escuela de Cambridge consistió en señalar que la razón principal por la cual los individuos optan por mantener una cierta fracción de su riqueza en forma de dinero era la idoneidad de este activo para llevar a cabo sus transacciones. De acuerdo con los economistas de Cambridge, entre las razones que motivan al público a mantener saldos monetarios se encuentran su aceptabilidad como medio de cambio, la existencia de costos de transacción en el intercambio y la necesidad de los agentes económicos de enfrentar contingencias de gasto. Según esta escuela de pensamiento, entre mayor es el volumen de transacciones que los individuos desean o deben realizar, mayor será la cantidad de dinero demandada por éstos.

Algunos economistas de la escuela de Cambridge pensaban que existía una cierta relación estrecha y estable entre la riqueza, el nivel de transacciones y el ingreso de los individuos, lo que los llevó a reformular la teoría cuantitativa en términos de la velocidad-ingreso de circulación del dinero. En esta reformulación de la teoría cuantitativa, la ecuación de cambio se interpretaba como una ecuación de demanda de dinero expresada en términos del valor nominal del ingreso y no del valor del volumen de transacciones. Esto último, aunado a la condición de equilibrio entre las cantidades de dinero ofrecidas y demandadas y a los supuestos de que los valores de equilibrio de la velocidad-ingreso de circulación y del nivel de ingreso real eran relativamente constantes, daba también por resultado una teoría sobre la determinación del nivel general de precios.

EL ANALISIS MARGINALISTA

Lavington (1921) fue el primero en presentar el análisis de la demanda de dinero en términos de análisis marginal, aunque su trabajo fue criticado y reformulado por Fisher (1930). Correspondió, sin embargo, a Hicks (1935) y, notablemente, a Patinkin (1956) desarrollar en detalle el enfoque marginalista de la demanda de dinero. Estos autores postularon al dinero como uno de los argumentos de la función de utilidad de los agentes, formalizando el efecto-riqueza o de saldos reales que afecta el gasto agregado de la economía, el cual había sido ya esbozado por Pigou. Dicho efecto partía de la premisa de que la propensión a gastar de los agentes económicos dependía no sólo de su nivel de ingreso, sino también del valor real de su riqueza, de la cual las tenencias monetarias pueden llegar a representar un componente importante. De esta manera, las variaciones en el nivel de precios, al afectar el valor real de las tenencias monetarias y otros componentes de la riqueza, pueden modificar la capacidad de gasto de los agentes económicos y, en consecuencia, el nivel de la demanda agregada. Es de mencionarse que, además de desarrollar el análisis marginalista de la demanda de dinero, los autores mencionados incorporaron el análisis monetario al marco de equilibrio general con bases microeconómicas. En una primera instancia, el intento pareció un paso definitivo; sin embargo, posteriormente se ha cuestionado la idoneidad del marco de equilibrio general estático para explicar la existencia misma del dinero, Hahn (1965).

LA TEORIA KEYNESIANA

Si bien no lo hicieron sistemáticamente, los economistas de la escuela de Cambridge reconocieron que la relación entre los saldos monetarios reales demandados y el volumen de transacciones podía ser afectada por cambios en la tasa de interés. De hecho, uno de los avances posteriores más importantes en la teoría de la demanda de dinero sería desarrollado por un economista formado en la escuela de Cambridge: John Maynard Keynes.

Keynes (1930, 1936) desarrolló lo que se conoce como la teoría de la preferencia por la liquidez. De acuerdo con esta teoría, en adición a la demanda motivada por la necesidad de realizar transacciones, también existe una demanda “especulativa” de dinero, lo cual llevó a Keynes a concluir que las variaciones en la tasa de interés constituyen un determinante de los cambios en la cantidad de dinero demandada.

Esta teoría puede explicarse como sigue. Los tenedores de bonos pueden experimentar ganancias y pérdidas de capital en el valor real de su riqueza cuando varíe el valor de mercado de dichas tenencias, lo cual ocurrirá ante cambios inesperados en las tasas de interés. Estos individuos pueden evitar las pérdidas de capital en sus tenencias de bonos manteniendo su riqueza en efectivo, lo cual tiene el inconveniente de que estarían renunciando a los rendimientos ofrecidos por los bonos y a la posibilidad de obtener ganancias de capital. Ahora bien, si la tasa de interés fuese constante, los bonos serían preferidos al dinero como la mejor forma de mantener riqueza, por el simple hecho de que los primeros pagan un cierto rendimiento.

Por otra parte, si se relaja el supuesto de que la tasa de interés es constante, es claro que si los tenedores de los bonos anticipan una reducción futura en la tasa de interés, éstos seguirán prefiriendo mantener su riqueza en forma de bonos, debido a que el aumento resultante en el precio de los bonos les produciría una ganancia de capital. Por el contrario, si los tenedores de bonos esperan mayores tasas de interés en el futuro, entonces preferirán mantener su riqueza en efectivo. Siendo este el caso, Keynes concluyó que si los agentes consideran que el nivel actual de las tasas de interés es anormalmente alto, éstos tendrán un incentivo para preferir la tenencia de bonos a la de dinero, debido a que la reducción esperada en las tasas de interés induciría un aumento en el valor de su riqueza.

Como se ha mencionado, los economistas de la escuela de Cambridge ya habían reconocido la posibilidad de que, debido a la incertidumbre con respecto al futuro, los cambios en la tasa de interés pudiesen afectar la velocidad de circulación de la demanda de dinero. Como resultado de esta influencia, Keynes planteó su teoría de la preferencia por la liquidez en términos de la tasa de interés esperada en el futuro, lo que finalmente lo llevaría a considerar también al nivel actual de las tasas de interés como otro determinante de la demanda de dinero. Con esta teoría, la tasa de interés dejó de ocupar un lugar secundario en las discusiones sobre los determinantes de la demanda de dinero. Correspondió a Hicks (1935) destacar la importancia para el análisis macroeconómico de la inclusión de la tasa de interés en la demanda de dinero. Keynes también analizó con mayor cuidado que sus predecesores en la escuela de Cambridge la conveniencia de poseer dinero. Mientras que para estos últimos las tenencias de dinero se derivaban fundamentalmente de su uso como medio de cambio, Keynes apuntó que un elemento adicional para explicar el motivo transacciones de la demanda de dinero era la necesidad de los agentes económicos de contar con un activo que les permitiera cerrar la brecha entre sus ingresos y gastos, una idea que habría de jugar un papel muy importante en los desarrollos teóricos posteriores de Baumol y Tobin. En adición, Keynes también hizo referencia al denominado “motivo de precaución”, argumentando en favor de la conveniencia del dinero como un activo que permite a sus tenedores enfrentar fácilmente contingencias inesperadas de gasto.

EL MODELO DE INVENTARIOS DE BAUMOL Y TOBIN

No fue sino hasta el inicio de la década de los cincuenta cuando surgieron los primeros modelos que desarrollaron explícitamente una teoría de la demanda de dinero. A este respecto, destacan las contribuciones de Baumol (1952) y Tobin (1956), quienes, con base en la teoría de optimización de inventarios, formularon modelos que permitieron apreciar y formalizar la relevancia de las tasas de interés y otros factores, como las prácticas de pago y la existencia de costos de transacción, en la determinación de la cantidad de dinero demandada. Aunque ambos modelos consideran a la tasa de interés como el costo de oportunidad de las tenencias monetarias, en realidad se trata de una teoría que enfatiza la importancia del motivo transacciones, lo que permitió definir con mayor claridad el tipo de consideraciones y variables que explican este segmento de la demanda de dinero.

Los modelos de Baumol y Tobin consideran a un individuo que recibe su ingreso una sola vez en un determinado período de tiempo y que puede mantener el sobrante de sus ingresos sobre sus gastos corrientes en la forma de dinero u otro activo. En la versión más simple de estos modelos, se define al activo diferente del dinero como un bono que paga intereses. En esta teoría, el elemento central que motiva a los individuos a mantener cierta fracción de su riqueza en efectivo es la falta de sincronía entre el momento en que se reciben los ingresos y aquéllos en que deben realizarse los pagos.

En estos modelos, el individuo puede incurrir en dos tipos de costos. El primero corresponde al costo de convertir bonos (u otro tipo de activo financiero menos líquido que el efectivo) en dinero, mientras que el segundo se refiere al interés al que renuncia un individuo al optar por mantener parte de su riqueza en forma de dinero. En virtud de que el número de conversiones de bonos a efectivo (por ejemplo, número de viajes al banco) necesarias para realizar compras de bienes y servicios depende negativamente de las tenencias de dinero de los individuos, el primero de dichos costos crea un incentivo para que éstos mantengan parte de su riqueza en la forma de dinero. Por otra parte, el costo en términos de intereses a los que se renuncia con la conversión de bonos a efectivo crea un incentivo para que los individuos economicen en sus tenencias monetarias. De esta manera, el problema que enfrenta el individuo consiste en determinar la frecuencia de las transferencias de su riqueza de bonos a dinero que le permita maximizar sus ingresos por intereses derivados de la tenencia de esos instrumentos, una vez descontados los costos de transacción. La demanda de dinero que resulta de estos modelos postula que la cantidad óptima de tenencias monetarias depende del flujo de ingresos que se obtiene para cierto período de tiempo, de los costos de transacción y del nivel de la tasa de interés que devengan los activos distintos al dinero.

Los modelos de demanda de dinero basados en la teoría de optimalidad de inventarios han sido objeto de numerosas extensiones. Por ejemplo, Miller y Orr (1966) desarrollaron una versión estocástica del modelo de inventarios, en la que hay incertidumbre con respecto a la frecuencia de ingresos y pagos. La cantidad de tenencias monetarias fluctúa en el interior de una banda y las conversiones de bonos a dinero, o viceversa, ocurren cuando dichas tenencias alcanzan los limites de la banda. Es importante hacer notar aquí que este modelo fusiona los motivos transacciones y de precaución de la demanda de dinero, además de que se obtiene el resultado de que la variable de escala apropiada en la demanda de dinero es la varianza promedio de los flujos de efectivo y no el nivel de éstos. Otras extensiones posteriores a este enfoque a la demanda de dinero han destacado la importancia de los cambios en las reglas de conversión de bonos (u otros activos financieros) a dinero sobre la determinación de la velocidad de circulación (Akerlof y Milbourne, 1980), y de cambios en los límites de la banda en que fluctúan las tenencias monetarias como resultado de cambios en parámetros microeconómicos (preferencias, grado de aversión al riesgo, tecnología, los costos de transacción, etc.) y variables macroeconómicas (el nivel de ingreso, la tasa de interés, etc.) –Milbourne, Buckholtz y Wasan (1983). Romer (1986) extiende el modelo de Baumol y Tobin a un contexto de equilibrio general intertemporal, obteniendo conclusiones similares a las del modelo básico.

EL ENFOQUE DE CARTERA

Tobin (1958) desarrolló el enfoque de cartera de la demanda de dinero. En su versión más simple, este modelo considera a un individuo que enfrenta la decisión de distribuir su riqueza entre dos activos, bonos y dinero, en condiciones de riesgo. La fuente de incertidumbre se deriva del hecho de que la tasa de retorno que pagan los bonos es una variable aleatoria. Se considera como dinero a cualquier activo libre de riesgo y que no paga rendimiento a su tenedor (o un rendimiento inferior al de los bonos). El resultado principal del enfoque de cartera es que la fracción de la riqueza que habrá de mantenerse en forma de dinero depende del grado de aversión al riesgo de los individuos, su nivel de riqueza y de la media y varianza de la distribución de probabilidad de los rendimientos ofrecidos por los bonos. Del enfoque de cartera de Tobin se desprende que la cantidad de dinero demandada depende negativamente de la tasa de interés, lo que le permitió a este autor hacer una formalización de algunas de las ideas esbozadas por Keynes en su teoría de la preferencia por la liquidez y, a la vez, formular una racionalización adicional del denominado motivo especulativo de la demanda de dinero. Aunque el modelo de cartera racionaliza con base en consideraciones de riesgo la tenencia de activos como el dinero que no devengan intereses, no permite explicar la coexistencia de éstos activos con otros que, además de pagar intereses, están libres de riesgo (o tienen riesgo similar). Por otra parte, si se considera que el dinero no es necesariamente un activo libre de riesgo, por ejemplo, debido a la incertidumbre con respecto a la evolución futura del nivel de precios, entonces resulta difícil explicar la demanda de dinero. Por estas razones, algunos autores han señalado la necesidad de desarrollar teorías de la demanda de dinero que combinen los motivos transacciones y especulativo.

LA REFORMULACION DE FRIEDMAN

En su reformulación de la teoría cuantitativa, Friedman (1956) introduce un enfoque integral en el que se le da al dinero un tratamiento idéntico al de cualquier otro bien duradero o activo. Cabe señalar que este autor contribuyó a destacar la importancia de un amplio número de variables que deben incluirse en una especificación empírica de la demanda de dinero. Sin embargo, parece existir cierto consenso en la literatura de que, al ignorar las distintas razones que inducen a los agentes económicos a demandar dinero, en realidad Friedman no ofreció una teoría de la demanda de dinero. En particular, se supone que el dinero, al igual que cualquier otro activo o forma de riqueza, proporciona a su tenedor un cierto flujo de servicios, lo cual lleva a la noción de una tasa marginal de sustitución decreciente entre el dinero y los activos diferentes a los bonos y, finalmente, a especificar con cierto detalle la naturaleza de la restricción presupuestaria de los individuos como la clave para establecer las variables que determinan la cantidad de dinero demandada. Según Friedman, los determinantes de la demanda de dinero incluyen el valor de la riqueza de los individuos y las tasas de rendimiento ofrecidas por el propio dinero y por otros activos, como los bonos, las acciones, los bienes raíces y los bienes de consumo duradero. En adición, Friedman señaló que las variaciones en el nivel general de precios afectaban el valor real de los activos, entre ellos el valor real de las tenencias monetarias, por lo que un determinante de la demanda de dinero debía ser la tasa de inflación esperada, la cual debía interpretarse como la propia tasa de rendimiento del dinero. Esta última idea fue formalizada por Cagan (1956) en su análisis de la hiperinflación alemana y desde entonces ha sido extensamente utilizada en el análisis macroeconómico.

REFINAMIENTOS TEORICOS RECIENTES

Durante las últimas dos décadas las herramientas de análisis macroeconómico han sido objeto de grandes cambios. Se ha observado una menor tendencia hacia la postulación de relaciones de comportamiento adhoc y un mayor énfasis en modelos basados en estructuras microeconómicas de equilibrio general, con agentes económicos que maximizan su utilidad y que forman sus expectativas racionalmente. Sin embargo, la macroeconomía basada en fundamentos microeconómicos ha encontrado serias dificultades para crear modelos de equilibrio general en los que el dinero fiduciario tenga un valor positivo en equilibrio. Como es bien sabido, en las estructuras básicas de equilibrio general se supone un único equilibrio competitivo que es eficiente en el sentido de Pareto. Por ello, si existen activos que ofrecen una tasa de retorno positiva y tienen características similares al dinero, los modelos de equilibrio general asignan al dinero fiduciario un valor real de cero.

Para subsanar esta limitación de los modelos de equilibrio general, ha sido conveniente modificar la estructura del modelo básico, con el fin de que sea posible asignar un valor real positivo al dinero fiduciario en equilibrio. Por ejemplo, algunos modelos incluyen directamente a los saldos monetarios reales en las funciones de utilidad de los agentes económicos (consumidores y empresas) o imponen la restricción de uso de efectivo en la adquisición de ciertos bienes, de manera que el dinero cumpla una cierta función que le permita ser valorado. Otros modelos alteran la especificación de las dotaciones, las preferencias y la tecnología de la estructura básica de equilibrio general para aumentar el número de equilibrios posibles y, de esta manera, abrir la posibilidad de que existan equilibrios monetarios. En el segundo tipo de modelos se encuentran los de generaciones traslapadas y los que postulan imperfecciones en el mercado de activos (mercados incompletos). Por otra parte, algunos autores han introducido restricciones legales como elementos de coerción en favor de la tenencia de dinero en relación con las de otros activos. Finalmente, modelos más recientes han introducido aspectos de información asimétrica y costos de transacción, o modificando la secuencia y los tiempos de las decisiones de gasto de los agentes, con el fin de explicar el uso del dinero.

En suma, en todas estas construcciones teóricas se establece una especie de fricción u obstáculo que impide que se obtenga el mismo equilibrio que en la estructura básica de equilibrio general, de manera que la existencia del dinero permite remover o aliviar tales distorsiones, de tal forma que éste resulte valorado positivamente en equilibrio.

El Dinero en la Función de Utilidad

La inclusión de los saldos monetarios reales en la función de utilidad de los agentes económicos ha sido una práctica muy utilizada y también muy controvertida. Patinkin (1956), por ejemplo, justificó la inclusión de los saldos reales en la función de utilidad postulando un proceso de pagos aleatorio y señalando los inconvenientes para los agentes de encontrarse sin dinero en efectivo. Brock (1974) ha ofrecido formalizaciones para la inclusión de las tenencias monetarias en la función de utilidad. Una de ellas se basa en la postulación de los costos de liquidez que el individuo debe considerar en su restricción presupuestaria, mientras que otras se basan en el argumento de que las tenencias de dinero reducen el tiempo que se ocupa para realizar retiros bancarios y compras, lo cual aumenta el tiempo disponible para el ocio y, en consecuencia, la utilidad del individuo. Feenstra (1986) establece las condiciones bajo las cuales se da una equivalencia entre la postulación de costos de liquidez, la inclusión de los saldos reales en la función de utilidad y la existencia de restricciones de pago en efectivo, mientras que Saving (1971), McCallum (1983) y Croushore (1990) han analizado en detalle el argumento de que las tenencias de dinero aumentan la utilidad de los agentes porque permiten disfrutar de mayor tiempo libre. Con respecto a la relación entre el uso del dinero, el ocio y las preferencias de los agentes, son de mencionarse los trabajos de Karni (1973, 1974) y Dutton y Gramm (1973), quienes postulan la hipótesis del valor del tiempo (costo de oportunidad del ocio) para incluir a los salarios reales como uno de los determinantes de la demanda de dinero. Su argumento es el siguiente: entre las virtudes de contar con tenencias de dinero, se encuentra la de facilitar el intercambio y reducir los costos de transacción (como podrían ser, por ejemplo, el costo de ir al banco a retirar efectivo o los costos de convertir bonos en dinero). Algunos autores señalan que entre este tipo de costos debe considerarse al mayor tiempo disponible para realizar otro tipo de actividades como, por ejemplo, la de disfrutar más ocio. Dado que el costo de oportunidad de esta actividad consistiría en los ingresos que se obtendrían por utilizar ese mismo tiempo disponible en el trabajo, algunos autores han señalado que dicho costo puede ser aproximado por el nivel de los salarios reales. Con base en este razonamiento, se argumenta que entre mayor sea el salario real, mayor será el costo de oportunidad del ocio, de manera que los agentes económicos buscarán reducirlo mediante una mayor tenencia de dinero.

La Restricción de Uso de Efectivo

Las críticas a la inclusión de los saldos reales en la función de utilidad de los agentes dieron por resultado la postulación de la restricción de uso de efectivo para realizar compras de todos o algunos bienes (Clower, 1967; Lucas, 1980; y Svensson, 1985). La restricción de uso de efectivo consiste en que los individuos se ven forzados a usar dinero, y no otro activo, para adquirir ciertos bienes o llevar a cabo cierto tipo de transacciones, como podría ser el pago de impuestos, por ejemplo. Una de las implicaciones más importantes de este enfoque es que la velocidad de circulación del dinero tiene un límite superior, dado que el efectivo debe permanecer en posesión de los agentes por un determinado lapso de tiempo.

Modelos de Generaciones Traslapadas

Los modelos de generaciones traslapadas son modelos de equilibrio general diseñados para el análisis dinámico, los cuales tuvieron su origen en el estudio de Samuelson (1958). Dichos modelos destacan la utilización del dinero como reserva de valor, justificando la existencia de dinero fiduciario con valor positivo, al ser éste el instrumento que puede remover la ineficiencia dinámica de una economía y producir un óptimo de Pareto en la asignación de recursos entre generaciones. Sin embargo, a pesar de su éxito inicial como justificante de la existencia de dinero fiduciario, los modelos de generaciones traslapadas han presentado múltiples inconvenientes, entre los que destacan la posibilidad de equilibrios múltiples, monetarios y no monetarios, las restrictivas condiciones que son necesarias para que el equilibrio monetario sea dinámicamente eficiente, y el hecho de que el dinero tiene valor positivo si y sólo si no es dominado por otro activo en tasa de rendimiento.

Modelos con Restricciones Legales

Bryant y Wallace (1984) y Wallace (1980, 1983, 1988) introducen elementos de coerción en la tenencia de dinero en modelos de generaciones traslapadas para reducir el rendimiento que el dinero debería pagar para ser valorado en equilibrio. Estos autores postulan la existencia de restricciones legales en economías modernas, como el monopolio en la emisión del dinero y el uso forzoso del dinero fiduciario en la liquidación de transacciones, lo cual impone restricciones a la competencia que los activos que dominan al dinero ejercen contra este medio de pago. En estos modelos, el marco legal determina la manera en que el dinero y las instituciones monetarias afectan a la economía. Por ejemplo, el monopolio en la emisión de dinero y la obligación de usarlo como medio de pago y unidad de cuenta constituyen la base del poder de la autoridad monetaria para influir sobre el nivel de precios, las tasas de interés y el nivel de la actividad económica.

Modelos de Economía Espacial e Información Incompleta

Otra serie de modelos destaca factores estructurales e institucionales como la descentralización del intercambio, la separación en el espacio y el tiempo de las decisiones de intercambio y la existencia de limitantes a la comunicación entre los agentes, para justificar la existencia de dinero en un contexto de equilibrio general. Extensiones posteriores de este marco teórico han permitido incorporar aspectos como el papel de la información imperfecta entre los agentes, la tenencia de dinero como señal de solvencia y la justificación del uso del dinero como medio de pago por la ausencia de créditos generalizados entre los agentes económicos.

La revisión anterior sobre algunos refinamientos teóricos recientes en la teoría de la demanda de dinero, sugiere que para explicar la existencia de dinero en una economía deben existir ciertas distorsiones u obstáculos en el proceso de intercambio que el dinero permita eliminar o, por lo menos, reducir. Sin embargo, en términos generales, estas construcciones teóricas han servido más para explicar la existencia o demanda de dinero en términos de las funciones que éste desempeña en el sistema económico, que para explicar los determinantes principales de la demanda de dinero. Por ejemplo, los modelos de generaciones traslapadas destacan el papel del dinero como reserva de valor, mientras que el resto de las teorías destacan su función como medio de cambio, pero no han sido muy útiles para determinar las variables que deberían incluirse en una especificación empírica de la demanda de dinero. Por otra parte, debe reconocerse que los avances recientes en la macroeconomía sugieren que las especificaciones adhoc sobre el comportamiento de los agentes económicos (entre ellas las funciones de consumo, inversión y demanda de dinero) no son invariables ante cambios en la política económica (Crítica de Lucas). Por esta razón, la postulación de ecuaciones adhoc de comportamiento ha caído en cierto desuso y se ha venido observando una mayor tendencia a utilizar modelos de equilibrio general basados en fundamentos microeconómicos y en donde los agentes económicos forman sus expectativas racionalmente.

Finalmente, debe considerarse que, no obstante los avances metodológicos antes mencionados, éstos no han tenido como implicación que deban refutarse los elementos esenciales de las teorías de la demanda de dinero revisados en las secciones previas sino, por el contrario, constituyen un claro indicio del lugar central que las teorías más tradicionales de la demanda de dinero ocupan en la literatura y de su validez empírica a través del tiempo.